Tacos de Perro

Mi compadre solía tener un puesto de tacos acá en la esquina, justo frente al Walmart. El carbón se hizo famoso porque al negocio le puso “Tacos de Perro”. La gente del siglo XXI siempre anda ansiosa por consumir nuevas experiencias. El negocio despertaba la curiosidad de los que pasaban por la esquina. Preguntaban —¿de verdad son de perro?— a lo que mi compadre les decía que sí.

La marca que se engendró desde entonces, explotó en Tiktok al año siguiente. El lugar totalmente blanco, con el menú grande a la vista y los enormes posters de canes gordos. Era como el concepto de la carne de res, inovado exponencialmente. Una presentación de simpleza y tradición, la carne olía y sabía delicioso con las tortillas hechas a mano.

El marketing contaba la historia de un hombre que empezó a criar perros para cosechar su carne, y que, después de una selección de razas para el consumo, dio con la especie correcta para engordar con maíz. El resultado fueron unos caninos altos, de carne blanda y grasosa, altamente marmoleada. El tratamiento de la carne y la receta de su sazón siempre fue ignorada por el público. No era relevante; los tacos eran la sensación por la contracultura que representaba — ¡Tenemos el derecho, podemos comernos cualquier cosa! — gritaban los clientes de esta carne exótica.

Después de 5 años explotando el concepto, y con 60 sucursales en toda la república, un mes de febrero se supo la verdad. Los tacos de perro no estaban hechos con carne de perro. Algunos habian obtenido información del instituto encargado de la salubridad, su informe recitaba — los alimentos servidos por la empresa “Tacos de Perro” contienen carne de res — nunca se crío ni se sacrificó ningun perro, en ningún momento.

La noticia se escurrió pronto entre los clientes, y en cuestión de 6 meses la empresa se declaró sin fondos suficientes para continuar operando. El negocio había pasado de moda, y la lealtad de sus clientes se disolvió al sentirse engañados.

A mi compadre lo veo casi cada jueves, día que nos juntamos a beber y a jugar el dominó. En veces recuerda ese negocio como la experiencia más amarga que haya probado, luego en otras ocasiones dice que fueron los mejores tiempos de su vida. Yo creo que fue un poco de ambas cosas.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *